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Adentro

A dentro todo es animal. molusco, tigre, aguamala, pantera; gato, liebre, toro, araña. Fuego afuera, agua adentro.     Adentro todo es Yo. Es metamorfosis: tú, nosotros. Un hondo roce cálido. Adentro, todo es posible.     Cuarto adentro, todo sobra. Enredados en calientes lenguas, dos retozan juegos líquidos en cuatro sin tregua.     Escurren, fluyen, dejándose partir. Ningún pacto para mañana. No hay mejor memoria que la piel erizada.

Murmullos

Estos murmullos rojo inesperados que aprietan las carnes blancas y marcan las curvadas mieles de la piel sin nombre, escurriendo flores amarillas de rosados dedos, ¿a qué azul quieren llevarme?

Bigotes en cuarentena

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Yo ya traía bigotes antes de la cuarentena. Para qué les voy a mentir.  Me gustaría decir que soy de esas mujeres que se mantienen perfectas y a tiempo, todo el tiempo. Ser de esas mujeres que se acuerdan de hacer cita en el salón de belleza el día justo antes de que la raíz grite traicionera a conocidos y desconocidos lo que por derecho de pago de piso debería guardarnos el secreto. Mujeres que nunca tienen un pelo de más en ninguna parte visible y mucho menos en las guardadas para la recreación intima.  Pero no, esa no soy yo.  La verdad es que abuso bastante de la generosidad de los genes de dos seres que se enamoraron para mi bien y decidieron procrear una hija que no salió tan tirada al catre a pesar de que a veces se le olvida echarse ganitas.  Y es que a mi la cuarentena o mejor dicho el auto aislamiento me agarró un poco a lo baboso y eso que lo decidí yo misma. Quizás por eso. Como que un día me agarró la urgencia por dejar de estorbar...

Una mujer. Muchas vidas.

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Ayúdame a tratarte como te mereces, le dice él, mientras ella se consuela la mejilla enrojecida por el golpe y baja la mirada. Un niño escucha los gritos detrás de la puerta con la llave de la cerradura puesta. Ha jurado a su abuela nunca salir de su habitación cuando su madre está ocupada. Una carga de vergüenza lo invade, no sabe bien por qué. Quizás sea el pavor que siente cuando oye pasos cercanos y se paraliza, o es la pena de no tener el coraje para salir a defender a su madre, o de ser tan niño, tan chiquito, y sentirse aún más pequeño detrás de esa puerta, escondido bajo la cama. Un hombre se tambalea, da tumbos, se golpea contra las paredes, se tropieza. La llave en la mano que intenta insertar sin éxito en la chapa de la puerta de la casa blanca de tejas rojas. Se cansa, sopla, resopla, mienta la madre a la puerta, la patea, grita ¡Puta puerta! Rebusca entre las llaves del llavero. Intenta con otra, nada. Se desespera. ¡Ábreme pendeja!, grita. Patea la pue...

Su lado en silencio

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Despierto con su lado de la cama en silencio. Espacio vacío. El corazón truena como vasija de vidrio expuesta a un choque de temperaturas. Calor. Frío. Estalla, se quiebra. Nudo en el estómago en un intento de atrapar la esperanza hecha mariposa. ¡Rápido, se escapa! ¿Y si sólo ha ido por café para acompañarnos la mañana?                                   Respira.

La muerta

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Un ruido de tambor resuena en su interior y un grito de auxilio le taladra los oídos. No puede darse el lujo de detenerse a inquirir quién grita. El miedo la mantiene como motor de locomotora. Corre todo lo rápido que sus piernas le permiten. No se detiene, no piensa, corre. Los gritos de auxilio parecen perseguirla. Suelta el bolso en un intento de aligerarse y acelerar el paso. Avanza sin rumbo. La velocidad y el sudor le ciegan los ojos impidiendo ubicarse. Todo alrededor es borroso, impreciso. Nada importa, más que correr. Un paso más, más pasos. Avanzar. A cualquier lugar. Moverse, salir, no quedarse. Lograr llegar. Saltar. Alejarse, cambiar de acera. Huir.  El ruido de una bala le reventó directo en el corazón. ¿O había sido un cohete?  Un ruido de tambor fúnebre resuena en su interior.  Se tira al suelo, muerta. Los ojos cerrados, los músculos tensos, la boca seca, el tambor adentro, invadida por el miedo.  ¿Qué era, qué había sido? No piens...

Salta

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¡Salte de ahí, salte! Abre los ojos, Abre la puerta. Quítate de donde estas. Mientras no te apartes de ahí, seguirá doliendo. Si no corres seguirás pensando. Arráncate de raíz. Cámbiate de carril. Pásate a la otra acera. ¡Muévete!

Mariposa

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Debajo de tu piel habita una mariposa, alegre y libre tu boca roza abriendo alas como sonrisa. Alma alada extravagante, revolotea hipnotizante de la mano de tus ojos.

Tan natural

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Todo es tan natural, pensaba.                     [Oler y saborear palabras,                     ver el sonido de colores] Hasta que en cuenta cayó, que eso estándar no pasaba. Una falta de poda leyó, ¡qué joda parecía! La niña no era rara sinestésica crecía.

Suéltalo

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- ¿Quieres que te cuente algo? - Acaso tengo opción. - En realidad, no. - Entonces venga. ¿Quieres una copa? - Sí, está bien, una copa me viene bien. - Te escucho. - Hay algo que me tiene preocupada. Creo que ya no lo soporto. Me sabe mal hasta decirlo, pero de verdad ya no se me antoja. - ¿Estás hablando de…? - Sshhhhhh... no me lo menciones. Por ahora no. Siento que si lo nombro en voz alta, me arrepiento. Y aún no me convenzo de estar totalmente decidida a abandonarlo. - Siempre hay una primera vez. Un punto de quiebre. - Puede ser que tengas razón. - Claro que la tengo, no se necesita entender mucho para saberlo. - Perdóname por no deducir lo mismo a la primera. - Quizás un día lo logres. - ¿El qué? - El deducir algo a la primera. - Detesto cuando te pones demasiado lista. - Debes detestarme a diario. - No sé si eso fue sarcasmo o soberbia, pero elegiré pensar que fue lo primero, por mi bien y por el tuyo. - Tú sabes bien qué fue. - A veces ...