A veces me sorprende haber llegado a ser adulto, pienso, mientras revuelvo lento pero con ansia cuadritos de gelatina de colores. Llega una edad en que el ritmo del cuerpo no acompasa con el de la mente. El tiempo de mi cuerpo trae retraso todos los días y mi mente por el contrario chispea curiosidad y deseo. Pongo música. Mis viejas caderas aún guardan buen compás. Aunque seguramente si me veo en el espejo me sentiré ridícula. Hace mucho que decidí utilizar poco esos burlones objetos. Me distorsionan. ¿Qué es más importante, cómo me veo o cómo me siento? Y yo me siento una jovencita, con piernas torneadas, senos firmes, pezones rosados, un vientre plano y cintura de avispa. A pesar de que por alguna razón que no quiero detenerme a comprender, la talla de mis pantalones digan otra cosa. ¡Son tontos! Me visto cada día con los colores que mis neblinosos ojos desean ver. Así, soy un arcoíris, una mañana soleada, un día de playa, una feria, la lotería, el inicio de la primaver...
Así empezó todo; así se volvió nada. Una cama de sábanas añejas, ya sin ansias. Un café, dos tazas, cuatro manos que no se tocaban. Miradas perdidas, sin ganas de encontrarse. Despertamos acostumbrados, ajenos a nosotros. Sin cuidado, sin cuidarnos. Cedimos a la dulce mecedora de lo conquistado. Sin percatarnos que nos oxidaba la rutina. Meciéndonos, nos volvimos olas de mares distantes. Era tanto nuestro silencio que cabían dos cuerpos, era tanto, que nos volvimos cuatro.
Hoy no tengo ganas de ser amable. Para colmo se me perdió una sábana el sábado por la mañana y ahora debo retomar su búsqueda. Mis frustraciones son amigas de mi casa. Me ponen a ordenar cosas. Es mi manera neurótica de calmar la mente cuando está en bullicio. Pero ordenar como consecuencia de estar buscando no me da la misma sensación de armonía. Es como tener dos caos al mismo tiempo. Se vuelve una actividad enredada, donde busco, no encuentro lo que busco, ordeno lo que encuentro que no busco, sigo buscando, sigo encontrando cosas que no quiero, me detengo a ver si las quiero o no las quiero, si las tiro, las regalo o las guardo, y en ese frenesí de abrir y cerrar cajones, se va volviendo más y más desordenado mi ser y mi micro mundo. La sábana es de cajón, o sea la que tiene elástico y cubre el colchón ¿dónde puede estar? Al principio pensé que no podía estar lejos de la sábana de taparse y de las fundas de las almohadas, porque eso sí está, y no hay...