domingo, 22 de enero de 2017

Era tanto nuestro silencio



Así empezó todo; así se volvió nada.

Una cama de sábanas añejas, ya sin ansias.

Un café, dos tazas, cuatro manos que no se tocaban.
            Miradas perdidas, sin ganas de encontrarse.

Despertábamos acostumbrados,  ajenos a nosotros.
   Sin cuidado, sin cuidarnos.

Cedimos a la dulce mecedora de lo conquistado.
            Sin percatarnos que nos oxidaba la rutina.

Meciéndonos, nos volvimos olas de mares distantes.

Era tanto nuestro silencio que cabían dos cuerpos.

Era tanto, que nos volvimos cuatro.