domingo, 14 de diciembre de 2014

Pasiones aprisionadas

Siento la respiración de tu pecho agitarse sobre mi espalda y tu aliento calentando mi cuello desnudo. Tus manos poseen mis caderas aferrándose a ellas, magullando mi piel, provocando una mezcla de dolor y placer, que sin duda me gusta.

Me concentro en tus dedos, hundiéndose en mi carne, lacerándola, marcándola. Y una onda de deseo e ira se apodera de mi boca, apretando mis dientes y respirando profundo, para no voltearme con fuerza y embestirte de una mordida.

De forma descarada hurgas entre mis nalgas con tus dedos que segundos antes llevaste hasta tu boca para llenarlos de saliva y los siento frotarse entre mis hendiduras. Mis soeces deseos quieren abrir las piernas para que termines de hundir cada uno de tus dedos, pero las aprieto con fuerza complicando la labor de tu mano.El aire se carga de un juego de competencia salvaje, exaltando los deseos más primarios de los dos. Nos gozamos provocándonos.

Me tomas del cuello, levantando mi cabeza, acercando mí oído hasta tu boca y me susurras con voz firme pero con exhalaciones largas, -ábrete-.
Un, no rotundo sale de mi boca y tenso con más firmeza el cuerpo y las piernas, que intentas separar con ayuda de las tuyas. Juego de poder y resistencia que nos excita cada poro de la piel.

Tu mano se introduce como puede entre las sabanas de seda y mi cuerpo, buscando los escurrimientos de lubridez que ya me traicionan. Y tu ego se crece, se endurece, deseoso de clavarse entre las porciones carnosas y redondeadas de mi trasero. Elevo mis nalgas provocativamente, cumpliendo con el cometido. Tu desesperación por poseerme aumenta. Y la lucha se acrecienta. Subes tus manos por mi pecho, apoderándote de mis senos con fuerza y me das la vuelta. Lucho como gata boca arriba y nuestros ojos se cruzan, cargados de deseo, enrojecidos de tanta pasión, centelleando el apetito que nos tenemos. Nuestras bocas se buscan, se lamen, se encuentran, se enredan, saboreándonos las ganas. Y la apetencia se nos desata de los poros, desanudándonos las manos llenas de ganas de atarnos a la carne del otro.

Nos acariciamos entre rasguños y desesperos, chupándonos los cuerpos como náufragos sedientos. Nos bebemos cada gota de lujuria, de sudor, de decoro, desnudándonos la piel hasta la impudicia, abriéndonos la procacidad, ofreciéndonos al otro.

Mi mano te aparta y se sumerge en la pulpa de mi intimidad, disfrutando la visión de tu firmeza frente a mí. Me comes con los ojos y tu respiración agitada, hambrienta, me estimula a mostrarte más.
Disfruto ver cómo me deseas, como te alimentas de mí. Te doy a probar de mi mano la miel de mi esencia. Lames cuidadosamente cada uno de mis dedos, guardando mi sabor más allá de tu paladar.

Te atraigo hacia mí, sintiendo todo el peso de tu cuerpo sobre el mío, dejando que mi piel se contagie del calor de la tuya. Chupo suavemente tu axila y recorro tu pecho hasta lamer tus pezones, mordisqueándolos, estirándolos, tensándolos como el resto de tu cuerpo, mientras deseo sentirte dentro. Te abro las piernas y te invito con la mirada a irrumpir mi carne y tu pene firme se centra en la entrada de mi abertura, sin prisas, recorriendo la humedad y el calor que de mí emana. La carne se va abriendo a tu paso, sintiendo el calor de tu falo, que se va introduciendo despacio, saboreando la travesía. Hasta el fondo. Mis labios abrazando tu pene, calentándolo. Tus movimientos rozan nuestras pieles, mojándonos todo. Escurro de placer hasta tus muslos y tu pasión se exalta. Tomándome con mayor firmeza. Mis piernas en tus hombros y tu boca aprisionada a mis pezones intercalando succiones, cada vez con más fuerza. Duele, pero me gusta.

Tu dedo pulgar frota el botón de mi clítoris, que se endurece entregado al deleite. Mi respiración entre cortada, gemidos ahogados con cada honda embestida, muriendo segundo a segundo de tanto placer. Aceleras el ritmo, degustas todo lo que está a tu alcance. Me gusta y te gusta. La agitación de nuestros cuerpos promete explotar en cualquier momento y el baile continúa. Nos buscamos las lenguas, que se enredan y se poseen, queriéndose tragar una a la otra, sedientas de tanto gimoteo. Nos lamemos el paladar, los dientes, regalándonos mordisqueos. Siento tu verga henchirse dentro de mí y mis partes se contrae en múltiples espasmos. Un río que emana de mi te baña, detonando tu orgasmo, caliente líquido inunda mis adentros.


Nos seguimos moviendo como suaves olas por morir, agonizamos y nos resucitamos al mismo tiempo. Sintiéndonos vivos, en el infierno. 


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