martes, 28 de enero de 2014

Pura carne


La noche está hecha para nosotros
Noches donde sólo la luna ilumina y todo lo demás se desvanece.
Nuestros cuerpos sin sombra se deleitan en el trémulo placer de la carne pura, viva, palpitante.
Deseos que no se dominan y se plasman entre rasguños de uñas y dientes.
Desesperación por el ardor de uno mismo, urgencia de tocar fondo, de sentir en lo más hondo, el calor por explotar en el otro.
Dejamos las almas guardadas junto al deseo de morir de amor y cerramos los ojos. No somos más que sexo.
Con las manos abiertas, manoseamos palmo a palmo nuestros cuerpos sin alma, llenos de quejidos. Sin intención de satisfacer al otro. Buscando nuestro propio placer a partir del cuerpo que se enreda en nuestras piernas. Lobos hambrientos de noches de luna llena. Feroces, indefensos solitarios.
Nos clavamos besos desesperados. Abriendo mucho la boca, queriéndonos tragar completos. Nos romperíamos la quijada si pudiéramos así meternos dentro del otro.
Pobre necesidad de desaparecer y acurrucarnos en entrañas ajenas.

Nos hundimos los dedos, nos hurgamos enteros. Gritamos y nos esforzamos por no desfallecer, necesitamos seguir luchando., aunque aún no entendamos la guerra.
Me clavas con fuerza. Me acaricia la tentación de dejarme poseer, de desaparecer, de ya no pertenecerme.
Qué más puedo ya perder, si no me tengo.

martes, 21 de enero de 2014

Usted no está loco aún

Usted, no sabe lo mucho que me desea aún, porque no conoce como besa mi nariz, desconoce cómo voy a ir oliendo cada parte de su cuerpo hasta besarlo todo sin siquiera tocarlo.

Usted, no imagina lo mucho que lo provoco, porque aún no me ha visto tirada en su cama, con una fresa en la boca, mordiéndola lentamente, mientras su jugo escurre por mis labios, mi mentón, por mi cuello.

Usted, no sospecha las ganas que le fustigo, porque no ha tenido la tentación de mis labios cerca de los suyos, a unos cuantos centímetros, imaginando mi lengua, fantaseando con su sabor, despertándole todos los instintos.

Usted, no ama el insomnio, porque no ha sentido la yema de mis dedos recorriéndole los sentidos.

Usted, no sufre de frío, porque no ha probado el calor de mi abrigo, de mis brazos, de mi vientre, de mi sexo humedecido.

Usted no se enamora de mí, porque no ha contemplado mis ojos y no ha podido descubrir mi mirada de niña, de mujer, de diablo y de furcia.

Usted no está loco por mí todavía, porque aún no lo alimento como a un niño... y al día siguiente me alimento de su mano...