miércoles, 6 de noviembre de 2013

Almas en llamas

Me deleito en tu mirada aparentemente endurecida por los años. Y me agasajo en derretirla al compás del sonido de mis labios.

Te tomo de la mano y te atraigo hacia mí. Te dejas llevar como un crío confiado, a sabiendas que mis besos suavizarán tus heridas.

Apenas sonríes y tus ojos se entornan cariñosos.

Despejo tu cuerpo de vestiduras y ataduras de otras vidas.

Mis manos recorren tus cabellos y mis labios saborean la dulzura de tu pecho. Deleite. Invitándote a dejarte querer.

Es el cuerpo el que despierto, el que desnudo, pero es tu alma la que se endulza, la que se entrega.

Suavemente, tus manos recorren mi espalda, embalsamándonos caricias que huelen a deseo.

Me gustan los halagos que con tu lengua zalamera anotas en mi vientre. Las historias que no dices, pero pronuncias en diferentes lenguas justo en medio de mis piernas.

Mi sexo habla en medio de suaves jadeos, que tu respiración entrecortada acompaña en un dialogo que se me antoja eterno.

Los cuerpos nos resultan insuficientes para demostrarnos el deseo y llaman a las almas a bailar.

Fuego y frío, silencio y gemidos, paz y escalofríos. Y seguimos danzando hasta que el amanecer se anochece. Pero nada oscurece la iluminación de nuestras almas que ya están en llamas.

 
 

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