domingo, 24 de noviembre de 2013

Urge que no me urge


Aún ante el más ínfimo e inocente pensamiento de ti, no puedo evitar que el caribe se me instale entre las piernas, cálido, húmedo, ardoroso.
Y es que pareciera que a mí todo me urge cuando se trata de estar contigo.
Me urge sentir tus labios con los míos, sentir que bajen y se escurren hasta el infinito.
Colorido.
Profundo.
Escurrido.
Tu mar conmigo.
Me urge romper las olas y sentirte en mi ombligo.
Tu lengua serpenteando mares y mares en mi lengua abrigo.
Urge y no urge nada.
Deseos que nada urgen y ganas que todo lo apuran.
Y cuando al fin contemple, tu espalda cansada sobre la playa de sábanas, urge que el tiempo no apremie, que no pase nada, que todo se quede entre la arena blanca.
 
 

La vida en la palma de tu mano


Recorrer con la yema de mi dedo cada línea de vida marcada en la palma de tu mano, paso a paso, despacio, viviéndolas todas.

Recorrer las playas, los bosques y las banquetas, tomada de tu mano, una vida, un instante.

Vivir en tu mirada y desear más tiempo.

Tiempo para acompañarnos a vivirnos por dentro.

Probarnos los rincones y en cada rincón probarnos, hacer de nuestros días momentos.

Momentos infinitos, de esos que duran un segundo eterno.

martes, 19 de noviembre de 2013

Fantasía


Y si la humedad de mi tinta se secara, sin poder terminar de escribir nuestra historia en tu espalda, ¿qué me quedaría?

Mi lengua, mis dedos o nada.

Si de tanto desearte y aguardarte sin tocarte, se me secan las ganas tatuadas en mi pecho, ¿qué quedará de ti?

Si eres sólo fantasía.

Te he hecho mar a partir de unas pocas gotas y mundo, con medio amanecer.

Entonces eres mi cielo rojo, mi luna llena, mi flor de abril. Aunque en invierno te piense.

¿Qué es de éste corazón mío, sin el calor de las ilusiones?

Sólo una pieza que mantiene viva.

Yo no quiero vivir sólo porque mi corazón sigue latiendo, quiero latir, aunque mi corazón se esté muriendo.

¿Acaso morir de amor, no es vivir intenso?

Solo a veces


A veces temo que mi vida sea sólo un cúmulo de aventuras.
A veces temo que deje de serlo y se convierta en sólo una vida, de esas que duran muchos días hasta la muerte.
A veces juego a ser diosa y otras a ser mortal. Aunque enamorarse duela, porque también se goza.
A veces, quisiera poseerte y otras ser tuya. Recordando la frase, que más recibe el que más da.
A veces no creo en eso.
A veces quisiera cambiarme la personalidad y de paso la moralidad y cobrar por cada beso. Así, si el corazón se rompe, que quede el consuelo de haber hecho negocio.
A veces digo tonterías y otras tantas digo pendejadas.
Pero sólo a veces.

Algun momento


Tengo miedo que la noche de la vida me llegue mientras duermo, sin haber podido probar si sabes como en mis sueños.

A cielo, a tierra húmeda, a mar sin miedo.

En mis sueños sabes a vida, a arcoíris y a sol sin prisas.

Quiero tener tiempo y por eso no duermo, esperando que el día, te traiga en algún momento.

Momento que se vuelva infinito, aunque sea solo un encuentro.
 
 

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Almas en llamas

Me deleito en tu mirada aparentemente endurecida por los años. Y me agasajo en derretirla al compás del sonido de mis labios.

Te tomo de la mano y te atraigo hacia mí. Te dejas llevar como un crío confiado, a sabiendas que mis besos suavizarán tus heridas.

Apenas sonríes y tus ojos se entornan cariñosos.

Despejo tu cuerpo de vestiduras y ataduras de otras vidas.

Mis manos recorren tus cabellos y mis labios saborean la dulzura de tu pecho. Deleite. Invitándote a dejarte querer.

Es el cuerpo el que despierto, el que desnudo, pero es tu alma la que se endulza, la que se entrega.

Suavemente, tus manos recorren mi espalda, embalsamándonos caricias que huelen a deseo.

Me gustan los halagos que con tu lengua zalamera anotas en mi vientre. Las historias que no dices, pero pronuncias en diferentes lenguas justo en medio de mis piernas.

Mi sexo habla en medio de suaves jadeos, que tu respiración entrecortada acompaña en un dialogo que se me antoja eterno.

Los cuerpos nos resultan insuficientes para demostrarnos el deseo y llaman a las almas a bailar.

Fuego y frío, silencio y gemidos, paz y escalofríos. Y seguimos danzando hasta que el amanecer se anochece. Pero nada oscurece la iluminación de nuestras almas que ya están en llamas.

 
 

viernes, 1 de noviembre de 2013

Desayunándome en la cama

Despierto. Entre mis manos, una taza grande con café caliente que se acomoda a la temperatura de mi cuerpo. Mi lengua sintiendo la aterciopelada bebida recorrerme la boca, evocando recuerdos de tus fluidos, de tus sabores.

Mi cuerpo trémulo del repaso de tu cuerpo, delicioso, sobre todo cuando se tumba desvanecido de placer, exhausto. Lo revivo como si fuera apenas hace un minuto que te marchaste.

Se me despiertan las ganas de saciarte y saciarme y no sé por dónde empezar.

Mis manos escrutan mi cuerpo buscando cenizas de tu presencia con que empezar el fuego.

Me caliento las piernas acariciándolas suavemente, sintiendo la delicadeza de mi piel. Ascendiendo poco a poco por entre mis muslos y mi vientre se contrae. Ansioso.

Me tumbo un poco, poniéndome cómoda.

Con mis manos, llego al borde de mi sexo, que comienza a palpitar, cuando aún mis dedos no lo acarician. Pero lo desean.

Me abro los labios con ambas manos, dejando que el botón de mi clítoris se exponga frondoso y suavemente con la yema de mi dedo índice lo acaricio licencioso.

Mi boca se abre por instinto, esperando tu lengua. Cierro los ojos y te imagino hasta poder saborearte.

El café ya no me basta en mi boca y lo vacío entero sobre mi vientre, dejándome escurrir ansiosa de aquel liquido caliente.

Mis caderas se elevan instintivamente. Deseosas.

Mis manos aceleran las caricias, haciéndolas más profundas y mi cuerpo se alborota de placer. Me mojo sobre mojado, deseándome más. Disfrutando de cada jadeo, de gemirme fuerte.

Me busco los orgasmos, uno a uno, no dando mucho espacio para descansar. Mi excitación va en aumento, sintiéndome cada vez más hambrienta de mis propias caricias.

Me mojo la boca seca de tanto jadear con la humedad de mi cuerpo. Sorbitos de café y sexo. Y regreso a las caricias, disfrutando de mi cuerpo.

Siento poco a poco la oscuridad acomodándose en mi habitación, abro los ojos y veo los rayos del sol desvaneciéndose por mi ventana, y yo, sigo desayunándome en la cama, como si fuera de mañana.