miércoles, 8 de mayo de 2013

No te pido perdón.

No sé si soy buena o mala, pero  me gusta provocarte.
Te seduzco con la mirada y con el cuerpo, sin dejarte saber si seré tuya o no.
Logro desesperarte y me recriminas, nalgueando mi trasero con más deseo que  fuerza.
Notas tus  manos marcando la blanquísima piel de mi trasero y lo lames en un acto de ternura pura.
Me río y tus dientes se clavan en mis nalgas recordándome tu autoridad.
Me muerdo los labios para no gritar y un jadeo se escapa de mi boca.
La excitación nos empaña la razón, llenándonos de pasión desenfrenada.
Rasguño tus muslos y veo tu sexo brillar garboso.
Rasguñas mi espalda y grito escapando de tus manos, que intentan alcanzarme con fuerza.
Tus ojos lanzan llamas, pero mi mirada te detiene.
Mi rostro inocente te desconcierta. Bajas la guardia.
Sonrío maliciosamente.
Me ves hincarme.
Y no será para pedirte perdón. Si no para llevarte al paraíso.

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