domingo, 5 de mayo de 2013

Días para recordar.

Para G.

Aún puedo verte sonriendo. Tus ojos reconociendo los míos y haciéndolos tuyos.
Te entregaste  desde el primer abrazo y me desarmaste con el primer beso, fundiéndonos en un mismo sentir.
Desesperados por descubrirnos nos fuimos desvistiendo, con los ojos y con las manos, hasta dejarnos desnuda la carne y los sentidos.
Me tomaste el cuerpo, el corazón y el alma en un mismo acto, con un te quiero y mil caricias que se quedaron grabadas en mi piel. Bendito atardecer.
El reloj se detuvo a las 5 de la tarde, en una tregua para disfrutarnos del amor mas allá del tiempo.
Primavera y verano se entretejieron en el otoño, dejando sentimientos en retoño y pasiones colmadas de sol.
Pacientemente y con furia nos bebimos el alma a sorbos largos, nos desayunamos el cuerpo y nos arrullamos el espíritu, bañándonos la soledad de compañía.
Nos dimos de comer hasta saciarnos. Y nos volvimos uno por un momento, preguntándonos por un futuro aún incierto.
Abrazos largos, acompañados de silencios. Tu cuerpo aferrado al mío y yo dejándome atrapar.
Cierro los  ojos para volverte a sentir y tu corazón late pegado a mi espalda.
No supe cómo explicarte un te amo, pero te entregué el corazón en una cuchara envuelto para regalo.
Tus manos oliendo a mi sexo, mi boca con sabor al tuyo.
Nuestras almas enganchadas entre sí, queriéndose tocar más allá del cuerpo, mientras que nos decimos todo y nada con la mirada. Contemplándonos. Despidiéndonos.
El mundo entero eclipsado por un momento. Solo estamos tú y yo, en medio de todos, en medio de nada.
¿Quién me hará el desayuno mañana? Cuando amanece  solo mi corazón que aún te vibra, que aun te aguarda, que no te olvida.
Hay historias que tienen huecos, para darle espacio a volverlas a reinventar.
Veo nuestra cama, nuestra cocina y pienso, que hay amores que nos dejan marcados aunque duren menos días que una vida.
Quizás en otro tiempo, en otros días, en otra vida, volvamos a coincidir.

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